Y aquí, el destierro temporal...
Y aquí, el destierro temporal...
Habrá que ir pensando en si hay que empezar a pensar en la mudanza...
Mientras tanto, sigo apuntalando...
Foto: Luciolia
Sigo aquí,
contando ovejas al dormir
y, al despertar
sigue ahí,
el mundo entero sigue ahí,
como cuando estás perdido
en cientos de ciudades,
como un grupo de turistas
en playas olvidadas.
Sigo aquí,
en algún lugar oscuro
entre tú y yo,
donde a veces
el miedo nada como un pez
entre mis brazos.
Te quiero en medio de los días
y te quiero cuando duermo,
te quiero a ti cuando no estás
y las calles son más frías.
Sigo aquí,
esperando algún milagro
de vez en cuando.
Cuando no estás
hay días demasiado largos,
cuando no estás.
Todas mis canciones están hechas
de miedo a perderte.
Todas mis respuestas se han perdido
en algún lugar oscuro.
"En algún Lugar Oscuro". Diego Vasallo.
Y entonces una ya no es una, si no es con los lugares que habita...
... y lo reitero.
"Ciascun si fascia di qual c'egli è incenso"
Gris. Tejer puentes hacia el lado que no existe. Ocupar sonrisas de alquiler. Preguntas. Mordiscos a la intuición. Recuerdos. La media boca a medio probar. Mirada. La mano a mitad de camino. Interferencias. Reloj de humo sin tiempo. Supervivencia. Buenas intenciones. Resultados dudosos. Conclusiones dormidas. Desvelo. Dolor de corazón. Estúpida. El roce que no empieza y no termina. La historia en el aire. Tus ojos. Lo que callas. El trampolín a tu espacio. Espera. Interferencias. Te siento. Caricia. Me dueles. Desconcierto. Medio metro convertido en siglos. Interferencias. Hielos. Calor de tu piel escondida. Tarde. Diminuta. Yo. Espalda. Monigote rojo. Chocolate. Letras. Silencio. Las agujas de tus ojos. La voz que no se escucha. El entorno desdibujado. Gesto. Lo que no imaginas. Dudas. Página imperfecta. Tirar de ti. Naríz. Pisar cristales. Sueño. Ganas. Suelo. Aparatos a contratiempo. Piel. Corto. Tan Corto. Canción y copas. Tela inconveniente. Escudo. Sangre en los labios mordidos. Cansancio. Música de fondo. Lo que vuelves a callar. Lo que escribes en el aire. Lo que dicen los ojos. Aceitunas. Deseo. Palabra. Solo segundos. Por qué. Batalla sin combate. Mimos. Nada recomendable. Lo que sabes. Momentos. Desaparecer. Manos fundidas. Preguntas. Pensar en ti. Negocio. Donde no estás. Lo equivocado. Lobos. Taburetes altos. Bellas mentiras. Cerca. Casi tan cerca. Ternura. Algo que se rompe. Lo obvio. Estoy. Fuera. Dentro. Ausencia. De nuevo miras, aunque crees que no te veo. Lo que hago. Lo que me falta. Incoherencias. Lo que sé. Mensajes que pasan de largo. A qué esperamos. Interferencias. Lo que me sobra. Café. Puertas. Noche. Amigos. Círculos que no traspaso. Otra vez tu boca. Querer. Reír. Distancia. Fluír. Estrellas. El juego en la palabra. La palabra maldita. Tierra. Dolor de cabeza. Presente. Lo imprevisible. Tacto. Etc. Tú. Lo que no te digo. 24 horas. Por dos. Desorden.
I. descansa a mi lado. Cerró los ojos después de posar su mano sobre mi pubis húmedo y palpitante, agonizante tras el orgasmo que me provocó su boca. Pero I. no duerme. Ronronea en mi oído y enreda juguetón sus dedos en el vello de mi sexo. Me da tirones y me hace sonreír. Entonces abre los ojos, me mira perezoso y los vuelve a cerrar mientras con voz lánguida me dispara en súplica: ”uno más... dame uno más...”.
Hinco mis dientes en sus labios antes de que termine y compruebo una vez más que no son de este mundo. El olor de mis jugos aun permanece en su sonrisa. Aspiro ansiosa y me lo bebo entero desde la frente hasta la uña del pie. Porque llegados a este punto, I. ya no es más que solución acuosa que me diluye y me precipita.
Sorbo, succiono, trago, me empapo de él debilitando las uniones de mis átomos hasta que, de un solo giro y a traición, me sube a su vientre, empuja mis caderas y me atraviesa.
Entonces yo aúllo en estertor. En rabia y sollozos que cargan sus armas para hacer que me derrita o me desintegre desde dentro, mirándome descarado con sus ojos de neón aguamarina. Él me desafía y yo me rebelo acudiendo, en olas suicidas, hacia la muerte.
Al rato, I. vuelve a mirarme con los ojos cerrados. Esta vez para desmayarnos de sueño entre los pliegues mientras su mano, sorprendentemente, deja de existir en algún punto entre el lóbulo de mi oreja y mi pezón izquierdos.
Miro en mis cajones. Cada vez desaparecen más cosas. Raro. Todo estaba tan petrificado... Y el espacio que ocupaban se rellena inmediatamente de una sustancia indefinida, inexplicable.
Meto las manos. Quema y late. Es el desecho de una mirada perdida y a punto de estallar entre los vértices de vidrio y acero.
De nuevo la acaricio... Y me convierto en carne viva de preguntas...
Y tú ahora... ¿dónde estarás sin mi?
Escuchando: Katie Melua - Piece by Piece
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